El despertar de un cambio, relato

Cada año ACCU España premia los mejores relatos cortos sobre la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa que participan en el certamen Crohnincol.

Este relato escrito por Mónica del Rosario Quintana Pérez ganó el segundo premio de la séptima edición en 2017.

EL DESPERTAR DE UN CAMBIO

Quizás el vaso siempre estuvo medio lleno

Marina había cambiado, ella no supo cuál fue el momento justo del cambio, simplemente un día reunió las fuerzas suficientes para levantarse y había cambiado. Se miraba al espejo, sabía que era ella, pero no se reconocía. El tacto era distinto, su cuerpo había perdido su anterior aspecto, su piel parecía estar más vacía. Tenía ganas, aún no estaba bien, pero estaba mejor, al menos mejor de lo que se había sentido en las semanas anteriores. Estaba preparada, lista para afrontar los retos que la nueva vida que estaba comenzando le presentase. Había pasado, todo lo malo había pasado, los peores momentos de agotamiento y reposo obligado eran parte de su pasado, o al menos eso es lo que pensaba. Era una persona fuerte, había sobrepasado un gran obstáculo que había puesto a prueba su resistencia y paciencia.

Marina quería disfrutar, lo había pasado mal y se sentía obligada a compensar el tiempo perdido. Empezó retomando todo lo que tuvo que dejar a medias. Culminar sus últimos exámenes y recuperar su forma física iban a ser sus principales objetivos. El primero lo consiguió no sin dificultad. El segundo objetivo no fue tan fácil. No muy tarde comprendió que tenía que anteponer su estado a su aspecto. Los malos momentos le habían hecho comprender que si se encontraba bien, ya eso era suficiente para estar feliz, el resto sobraba. Tenía los ingredientes para cocinar un plato rico, el añadirle los ingredientes para convertirlo en delicioso, y culminar así su recuperación, sería sólo cuestión de tiempo, o al menos eso es lo que pensaba.

Marina se había equivocado, eso es lo que pudo comprender con el paso del tiempo. Descubrió que el primer obstáculo superado no era nada más que el comienzo de una carrera. Sintió que todos los esfuerzos que había hecho en su vida para lograr ser alguien fueron su entrenamiento. Los sacrificios que había hecho para conseguir las metas que se había propuesto le habían servido como preparación. El reto físico y mental que había supuesto alcanzar las metas de las dos carreras, en las que se había inscrito voluntariamente, le servirían para superar esta nueva carrera obligada, en la que la habían inscrito. El momento para añadir sus últimos ingredientes y culminar así su receta se retrasaría aún más. Los perores momentos no habían pasado. Ella era fuerte, más de lo que se pensaba. A pesar de haber pensado que su resistencia y paciencia ya se habían agotado, no era así. Le quedaba más, mucha más fuerza y resistencia de lo que había agotado en su primera etapa.

Marina se había equivocado, y lo volvió a hacer otras tantas veces más. Se dio cuenta que estaba montada en una montaña rusa, y que de ella no se podía bajar. Cuando iba subiendo, parecía que eso es lo que hacía todo el tiempo y se olvidaba de las bajadas, pero cuando bajaba le ocurría exactamente lo mismo. Parecía no alcanzar un punto de equilibrio y estabilidad. Tuvo que adaptar sus costumbres a todos y cada uno de los estados por los que pasaba, reducir o aumentar la intensidad según le venía mejor. 

Marina comprendió, comprendió la importancia de cuidarse y valorar lo importante. Descubrió que su salud existía, a no tener que preocuparse sólo por la salud de las demás personas que la rodeaban. Supo que depende de su cuerpo para poder vivir, por lo que lo debe cuidar y mimar. No castigarse y culparse por lo que le pase, fue una lección que aprendió con el tiempo.

Marina comprendió, comprendió que tenía que diferenciar entre lo realmente importante y lo insignificante. Descubrió que había gente a la que también le interesaba su salud. Supo valorar qué cosas y personas son las relevantes. Aprendió que cuando se encuentra bien tiene que disfrutar, que cuando está mal sólo existía el camino hacia la recuperación. Al fin y al cabo, ver como todo cambia a mejor también era un bonito trayecto por el que atravesar, a veces corto, otras veces más largo.

Aun así, Marina siguió confundida y sin entender muchas cosas. Sentía que tenía una doble personalidad. De un lado, aquella que aparecía de repente sin ella saberlo en los malos momentos. De otro lado, aquella que aparecía cada vez que parecía estar bien y se recuperaba. Era sólo en esos momentos cuando sentía que volvía a ser la persona que siempre había sido, era como si nada hubiera pasado y todo volvía a ser igual. Pero quedaba algo que le recordaba que si había pasado algo, para eso estaba la ropa que siempre había llevado que le recordaba los motivos por los que esa ropa ahora ya no le sentaba bien. Seguía cabiendo dentro de esa ropa, pero de una manera distinta. Tal vez el paso del tiempo le había producido que le aparecieran arrugas a las telas. Pero parte de ese ella antigua permanecía dentro en silencio en lo malo. Tan solo se daba cuenta cuando volvía a escuchar esas canciones que la motivaron y emocionaron en su adolescencia, tan sólo al escucharlas, parte de su yo anterior volvía en los malos momentos. Tan sólo esa lluvia de emociones la calmaba y tranquilizaba. Nunca había estado tan lejos de lo que fue, pero en esos ratos era cuando más cerca estaba de volver a serlo. Volver al principio y seguir conservando esa esencia a pesar del tiempo, a pesar de su apertura musical y a pesar de sus descubrimientos musicales. Tal vez, ahí estará la fortaleza oculta en los momentos de debilidad, en recuperar ese punto de conexión con el tiempo atrás. Hacer viajes emocionales a momentos y lugares enterrados en lo profundo de sus recuerdos. Redescubrir porque esos grupos o cantantes le habían gustado tanto, transportar las sensaciones a su ahora, despertar de nuevo sus oídos encontrando nuevos significados a las letras. Porque, aunque sólo amanezca una vez al día en las mañanas, ella podía retarlo, para ella el despertar era cada vez que descubría algo nuevo. Porque había una canción para cada momento. Porque en las tristezas para desahogarse podía encontrar la canción que le ayudara a hacerlo, o por el contrario, podía encontrar la canción que le cambiara su ánimo y la alentara. Porque una canción guardaba para ella una pequeña historia de su vida.

Marina había cambiado, pero no era la única que lo había hecho. A su lado tenía personas que la apoyaban y que de un modo u otro también estaban afectadas. Ella era afortunada por tener alguien a su lado. Ha adquirido una nueva perspectiva a través de la cual valorar lo que pasa y lo que le pasa. Ha descubierto que esta experiencia enriquece su personalidad. Si tal vez ahora no corre, puede caminar, darse un paseo por el camino de la vida, observando sus pequeños detalles. Ahora puede ver las cosas que siempre han estado ahí, pero que con la velocidad a la que antes iba no se percataba.

Marina había cambiado, ella no supo cuál fue el momento justo del cambio, simplemente se sentía que en cierto modo había vuelto a madurar. Estableció que si tenía la obligación de sobrepasar esos momentos, lo haría de la mejor forma posible (lo mejor es pasarlo de una forma positiva). Estableció que tiene la obligación de vivir cada momento de su vida, ese es un trabajo que nadie hará por ella. Que de todos los obstáculos que se le sigan presentando quitará uno de su lista de pendientes y los añadirá a su lista de puntos superados. Aunque Marina no podía cambiar lo que le pasaba, ella tenía un poder, y ese poder era el de poder cambiar como sentirse, como afrontarlo. Porque para cruzar al otro lado obligatoriamente tenía que pasar por erizos, mejor pasarlo con botas resistentes y no zapatillas blandas.

Hoy un año después Marina es más sabia. Hoy echa la vista atrás y se acuerda de cuando no sabía qué era lo extraño que le ocurría a su cuerpo. Recuerda el momento en el que le presentaron la colitis ulcerosa, y de cómo poco a poco fue descubriendo su significado. Quizás, lo que en un principio comenzó siendo una pesadilla, es lo que le ha hecho despertar.

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