Tanto, relato sobre el crohn

Cada año ACCU España premia los mejores relatos cortos sobre la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa que participan en el certamen Crohnincol.

Este relato escrito por Lorena Hernández Gorraiz ganó el primer premio de la séptima edición en 2017.

TANTO

Querido Crohn, dos puntos.

 

Nos conocemos desde hace ya un tiempo. Apareciste en mi vida sin avisar, sin esperarte, y has cambiado muchas cosas. Incluso me has cambiado a mí, y en gran parte para bien, y te reconozco ese mérito.

Pero vengo a decirte que a día de hoy no me he rendido. Hoy, todavía, no.

 

Discúlpame, que no te siente mal, no vaya a ser que te me rebeles, que ahora me viene fatal; no se trata de eso, ahora te explico. Sé que aquí, quien más tiene que perder, soy yo.

 

Voy asumiendo que seguirás en mi camino, y que lo recorreremos juntos hasta el final. Has venido para quedarte. Y me he dado cuenta de que aceptarlo (aceptarte) quizá no sea tan malo.

Es posible que llegues a darme donde más me duela. Ya lo has logrado alguna vez. Y quizá esté sobrellevando el vivir con esa incertidumbre. Forma parte de tu esencia, y ahora también de mí.

 

Te reconozco que el comienzo fue difícil, fui yo la que me rebelé contra ti… y no me sirvió de nada.

Resignarme tampoco funcionó, sentirme derrotada no es lo mío. Algo más allá de ti y de mí, un instinto de supervivencia, me impulsaba hacia un “no sé dónde”… que es justo desde donde te escribo ahora.

Y tras aquel desierto de no saber en qué dirección ir y de no saber cómo, fui encontrando mi lugar. Cada vez menos “contra ti”. Y más contigo.

 

Sí. Porque además, suena irónico, tengo cosas que agradecerte. No te voy a decir que seas bienvenido, tampoco te me vengas arriba. Es que a raíz de que te diste a conocer, he aprendido tanto, TANTO. Me has obligado a mirar hacia adentro y he conseguido cosas que no pensé que lograría.

Has puesto a prueba mis límites, y los voy superando. En este proceso de aprender a ver la vida de otra manera (a marchas forzadas, y no sin resistencias) ahí estás acompañándome. Y ayudándome a entenderme, a escucharme. A través de ti.

Eres como (y sin el “como”) una parte de mí que me habla y me revela verdades que hasta ahora quizá me resistía a ver.

Sacas de mi lo mejor y lo peor. Me pones frente a todo ello, para que, por fin, lo resuelva.

Me haces aprender cómo seguir adelante.

(Perdona el tono filosófico-zen, que me da que no eres tú muy de esas historias… pero, eh, se siente… también has sido tú quien me ha llevado a ellas.)

 

Ha sido duro, lo sigue siendo. Pero,  ¿sabes? No te guardo rencor. A día de hoy, por lo menos, no. Quizá llegue el día en el que lo haga, pero, mientras tanto… quería proponerte algo.

 

Qué te parece si nos llevamos más o menos bien.

 

¿De qué te sorprendes? Creo que el planteamiento desde el principio fue un error… un combate, una lucha, vencedor o vencido.

 ¿Por qué? Para qué.

Si a día de hoy sé que a ti no se te derrota. De qué sirve negarte, o  resistirse. A mí no me ha funcionado.

Como digo… sé que estás (lo sé muy bien), que vas a continuar ahí. Me ayuda más reconocerte, afrontarte (que no es lo mismo que enfrentarte) y buscar la mejor manera de seguir.

Bueno… qué me dices.

 

En el fondo sé que quizá te estoy pidiendo demasiado, algo parecido a un oasis…

Supongo que en algún momento llegará un zarpazo; lo sé, pero como de lejos, sin ser muy consciente ni creérmelo del todo… llegará  y esta vez sin avisar, sin toques de atención.

Te saltarás a la torera cualquier tregua; y es que a ti no hay quien te ponga condiciones, vas por libre. Lo sé.

Te pondrás frente a mí, con todas tus cartas. Y no me quedará más remedio que poner las mías sobre la mesa, y jugar sabiendo que llevas ventaja.

Y ahí nos volveremos a ver cara a cara… con lo peor de cada uno… tú con tu crueldad, pero tan real y sincero al fin y al cabo. Sin cortesías ni disfraces. En carne viva.

 

Pero mientras tanto…

 

Déjame, por un tiempo (por pedir, que sea largo), creer que tengo parte de control…  (anda, no te rías tan fuerte, que te oigo hasta aquí)

…que te tengo medio a raya, entre biológicos, vida sana y mindfulness… que “domino” (entre comillas) la situación, aunque no sea cierto… ya vendrás a recordarme lo contrario. No me quites esa ilusión tonta y pasajera. Total, qué más te da, si eres tú quien tiene las de ganar.

 

Ya nos vamos conociendo, cada día mejor. Yo sé cuáles son tus puntos fuertes, y algunos  flacos, y tú también los míos. Por eso, hagamos esa especie de trato.

Tengámonos cierto respeto, démonos el uno al otro nuestro espacio. Tú en tu sitio y yo en el mío, juntos pero lo menos revueltos posible. Permíteme que me acostumbre un poco a esa sensación. Dejémonos vivir. Con-vivir.

 

Mientras tanto…

 

Vente conmigo de ruta gastronómica, al restaurante de moda, de cañas y de pinchos;  no perdamos las buenas costumbres. Eso sí, por favor dame un toque si algo te sienta mal, que ya sabemos luego lo que pasa.

Desconectemos. Salgamos a pasear por el campo, a que nos dé un poco el sol (sí, ya sé, con moderación), a meditar en medio de la naturaleza y a huir del estrés de la rutina.

Y de paso… nos apuntamos al gimnasio, a ponernos a tono y a prueba, a desafiar las estadísticas y a demostrarnos que sí podíamos, que no éramos ni tan torpes ni tan débiles.

Bailemos. Lo que está de moda o lo que no. Lo que queramos.

Probemos nuevos hobbies, los que nunca nos atrevimos. ¿Por qué no? Vamos a hacer alguna locura, y de paso a conocer gente, a perder un poco la vergüenza y el miedo a hablar de ti.

Vámonos a conocer otro país, a cumplir más sueños.

Vivámonos juntos (además, porque ni a ti ni a mí nos queda otra).

 

Mientras tanto.

Mientras…

TANTO.

Tags:
Crohn, Crohnincol, relatos

Categorias:
Relatos CrohninCol

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