Tu vida y yo

Este relato escrito por Isabel Gamarra recibió en 2016 el segundo premio del V Certamen CrohninCol convocado por ACCU España.

Tu vida y yo

“A ti, que haces de mi vida un regalo de amor”

Nunca te cansas. Sin embargo, yo me canso de ver tu cansancio reflejado en tus ojeras y escondido en esa media sonrisa que delata el agotamiento. Me pregunto a menudo cómo puedes hacer una vida “normal”, con un trabajo “normal”, con una familia “normal” dentro de la anormalidad de tu vida. Soy tu marido y no soy capaz de entenderlo. Ella no nos avisó. Apareció y se quedó, como se queda la esperanza de que algún día decida marcharse o alguien descubra cómo hacerla marchar.

Las niñas también saben que te cansas. A veces tus cambios de humor nos indican que no todo va bien pero siempre sabes cómo darle la vuelta a las cosas y poner tu pizca de ironía a esta nueva forma de vivir.

 

Nunca te quejas. Yo quiero que lo hagas. Preferiría que maldijeras a la señora Crohn y gritaras, que enfadaras ante el dolor, ante la búsqueda incesante de un baño recóndito e improvisado, ante la incomprensión de los demás. Pero no te quejas. Acaso reivindicas tu sitio en ese mundo que llaman discapacidad y en el que no encajas, porque tu físico no te declara culpable, eres capaz de estar muriéndote y tener el aspecto de la mujer más saludable del mundo. Qué paradoja. Pero yo sí me quejo. En los silencios oscuros que acompañan nuestros días de pareja alejada por tuno poder más, en mi rabia de no saber qué hacer, en el desconsuelo de otro nuevo tratamiento y en el desaliento de quienes siempre dicen verte genial.

 

Nunca flaqueas. Flaquear en el sentido de desfallecer, desanimarte flojear, en el sentido de estar flaca, bueno, tienes la triste capacidad de estar delgadísima y pasar a estar hinchada, sentirte inflada y estar gorda. No conozco armario con más tallas disponibles que el tuyo. Tú te ríes y no te reconoces en el espejo, pero yo te reconozco detrás de ese quiño cómplice de mi mujer bella, valiente, serena y creo que feliz. He usado el término flojear y entonces soy yo el que flaqueo… los que tenéis EII os superáis cada día, os levantáis y seguís para adelante, sin embargo la sociedad se siente con el derecho de creer que sois vagos. Mi mujer es la persona más activa y trabajadora del mundo, es madre, trabajadora social y mi mejor amiga. Quiero que nadie confunda la pereza con la enfermedad.

Nunca te rindes. Intentas que no aparezca el rendimiento. Sales a la calle sin miedo, te reinventas cada día. Te expresas, te rebelas, te entusiasmas cuando aparece la palabra ”remisión” y desaparece el término “brote”, quedas con tus colegas crohnicos y hacéis que la letra hache tenga otro sentido. Consigues que tenga sonido y sea escuchada. Yo, por momentos también la escucho y sueño que ese sonido opaco de unas tripas acompasadas se quedará mudo, como la hache en el abecedario.

 

Siempre te quiero. No olvido que eres tú, la que no tenía horarios para vivir ni le faltaban fuerzas para crear. Hemos adaptado nuestro mundo, hemos cambiado planes a largo plazo por el vivir día a día, hemos aprendido a disfrutar del momento y a parar cuando es necesario pero ese amor que nos hizo grandes, hace más grande aún nuestra vida desde que convives con tu inseparable compañera. Y es que no es fácil, pero es posible.

Siempre espero el milagro. Y entonces me equivoco y rectifico. El milagro ya lo tenemos en esas sonrisas infantiles, pequeñas, inocentes, que nos recuerdan que la vida es bonita en todas sus dimensiones. El milagro eres tú me lo dices y yo deseo creerte por encima de mi falso convencimiento y del tuyo. Dejando atrás la incertidumbre de cada día, queriendo que seas feliz en el carpe diem.

Siempre estoy. Aunque no esté, estoy. Acompañando tu silencio que dice tanto. Intentando convencerme de que estás bien porque tú me lo dices y yo deseo creerte por encima de mi falso convencimiento y del tuyo. Dejando atrás la incertidumbre de cada día, queriendo que seas feliz.

Siempre vivo. Me has enseñado a vivir. Ese verbo que implica tanto y que no todas las personas entienden. Antes de todo esto también vivíamos, pero dejándonos llevar por la vida. Hoy la estrujamos, no le damos tregua, no la desperdiciamos. Cuando estás mal  sabemos que llegará el estar bien. Cuando estás bien, sabemos que estamos vivos, porque hemos aprendido a que la vida es mucho más. Somos nosotros los que le damos protagonismo, los que la definimos, los que la apreciamos.

 

Tu vida y yo. Mi vida y tú. Esa maravillosa y compleja forma de complementarnos. Ese empuje diario de no dejar nada para mañana, esa necesidad de dejar fluir los sentimientos, las emociones, los deseos, ese incontrolable estímulo de no abandonar el camino que elegimos juntos.

 

Hoy somos otros, tú y yo, los mismos pero otros. Deshaciendo la madeja anudada que tenemos entre los dedos, sin darle la importancia que la señora Crohn quiere imponer en nuestras vidas, porque esas vidas son nuestras, no de ella. Y porque en ese nunca que convertimos en siempre, estamos tú y yo y lo demás es simplemente una experiencia que nos hace más fuertes. Juntos haremos que sea posible. La vida eres tú que nunca te cansas, te quejas, flaqueas ni te rindes. La vida soy yo que siempre te quiero, espero estoy  y vivo. No podemos pedir más.

Originalmente publicado en la revista Crónica.

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Crohnincol, relatos

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