Viajar con una EII sin miedo

En un mundo globalizado como el de hoy, el viajar se ha convertido en algo posible para todos. Pero... ¿qué pasa si tengo una EII? ¿Podré viajar?

El primer escollo que debemos salvar somos nosotros mismos. Más bien, esos pensamientos que nos dicen con todas sus fuerzas: “quédate aquí, no vaya a ser que...” Los miedos que todos tenemos cuando salimos de nuestra zona de confort son totalmente normales, sin embargo, a veces forman parte de una visión equivocada de nuestra realidad. Recuerdo el miedo que tenía cuando me fui a Italia de Erasmus, llevaba cuatro años de brotes constates que me habían dado una tregua desde el último verano. Mi médico estaba de acuerdo con que me fuera. Mis padres me apoyaban (con sus naturales temores). Así que yo iba dando pequeños pasitos: pedía las becas, cogía los billetes de avión, me hacía la tarjeta sanitaria europea, etc. dándome siempre la licencia de que, si no lo veía claro o empeoraba, podía renunciar. Al final me fui, convirtiéndose en una experiencia inolvidable y el comienzo de una larga temporada asintomática.

Es por lo tanto crucial comprobar si realmente esos pensamientos que tenemos son objetivos o zancadillas que nosotros mismos nos ponemos por el miedo a la incertidumbre. Hay que reflexionar y ponerlos en tela de juicio. En otras ocasiones, la manera de sortearlos es comprobando con la experiencia si realmente son de verdad o no: el atreverse, el famoso "hazlo con miedo, pero hazlo." Un secreto es ir dando pequeños pasitos para mentalizarse como los que yo di antes de comenzar mi Erasmus.

Como todo, para viajar hay que elegir muy bien el momento en el que lo hacemos, una época sin síntomas es evidentemente la mejor. Cuando estamos en periodo de brote, lo más importante es priorizar la salud, ya vendrán tiempos mejores para hacer lo que queramos.

Una vez tengas decidido que vas a viajar, es el momento de hablar con tu médico y familiares y amigos. Tu especialista te ayudará a sopesar los posibles riesgos y, entre todos, contribuirán a tomar la mejor decisión. Entiende que puede que haya personas de tu red a las que les asusten tus planes, pero solo quieren lo mejor para ti. Créeme, escúchales y tenles en cuenta, aunque al final, no olvides que tú tienes la última decisión. Puedes pedirles que te apoyen haciéndoles comprender lo realmente importante que es para ti.

Y llegamos al último obstáculo del viaje: la organización. Es una parte crucial. Quizás para alguien sin problemas de salud, realizar un viaje casual, con poca planificación, sea muchos más fácil y atrayente. Sin embargo, nosotros tenemos que preparar muy bien todos los pasos a seguir: vacunas, informes, medicamentos, nevera para los biológicos, fechas, hoteles, albergues, seguro médico, etc. El destino también será importante, pues quizás quieras irte de voluntariado a África pero debes de tener en cuenta que muchas de las vacunas no podrás ponértelas o que no habrá un hospital en 200 km a la redonda. Se práctico y realista acorde a tu estado de salud y a los medicamentos que debas tomar. No obstante, seguro que encuentras otro destino al que puedas acudir. Quizás debas disminuir tu expectativas e ir primero a un lugar más cercano o menos días para probar, por ejemplo, España o un lugar de Europa. Cada cual según sus posibilidades.

Como siempre, es posible que en el camino veas un escollo insalvable: porque no es el momento adecuado, tu médico no te lo aconseja, justo tienes que ponerte los biológicos en las fechas elegidas, aparece un brote unos días antes del viaje o quedarte a vivir en el lugar que has elegido sea harto complicado. No importa. Bueno, claro que importa y claro que te fastidiará, aunque no olvides que puedes intentarlo más adelante o cambiar tu destino, tu forma de viaje, piensa que siempre se le puede dar una vuelta. No seas tonto y si en mitad del viaje o de tu estancia te pones enfermo y percibes que en España vas a estar mejor, aunque te fastidie volver, no es una derrota. Lo sabio es recuperarse lo antes posible y priorizar la salud.

Si todavía tienes dudas, puedes preguntarle a tus médicos, al personal de enfermería de la unidad monográfica o acude a tu ACCU para que te aconseje qué puedes hacer.

Recuerda: hazlo con miedo pero hazlo. Planifica y decide el momento más oportuno. No hay más historia. Atrévete y disfruta.

Tags:
psicologia, viajar, miedo, zona de confort

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