I Jornada de Jóvenes, Ibiza 1995

Todo empezó hace unos meses, cuando alguien se le ocurrió organizar una asamblea nacional de enfermos de EII menores de veinticinco años. Desde entonces hasta ahora ha pasado mucho tiempo, muchos quebraderos de cabeza, mucha gente llamando a muchas puertas, pero al final se ha convertido en unos días maravillosos donde ha imperado la amistad por parte de los asistentes y la hospitalidad por parte de los organizadores.

A los pocos que tuvimos la suerte de poder estar allí, nos hubiera gustado que todos los jóvenes de ACCU pudieran haber participado, pero, en fin, las cosas son así solamente hubo cincuenta plazas, que, por anulaciones de última hora quedaron en cuarenta y cuatro asistentes.

La fecha y hora fueron el día veintiocho de abril de las seis de la tarde, en un pueblo de la provincia de Alicante que se llama Denia. Poco a poco, tímidamente, fue apareciendo gente desde todos los sitios de España y entre presentación y presentación se nos dio el pasaje del barco que nos llevaría hasta nuestro destino. En el barco nos enteramos que los del País Vasco y los de Cataluña habían llegado el día anterior en avión y ese mismo día se habían ido de excursión para conocer la entonces cercana isla de Formentera.

El día veintinueve de abril nos despertamos entre telefonazos "anónimos" y golpes en las puertas, golpes por otro lado muy necesarios ya que algunos de nosotros habíamos estado la noche anterior en un bar. Continuando las presentaciones y haciendo la primera toma de contacto con la marcha nocturna ibicenca, lo que al final se alargó un poco, así que con pocas horas de sueños nos reunimos en el comedor del hotel para disfrutar de un reconfortante desayuno. Acto seguido, y casi sin tiempo empezamos una excursión cultural por el pueblo de Ibiza, que comenzó por la parte moderna y siguió por el recinto amurallado (Dalt Vila) visitando museos, la catedral, e incluso una sesión de fotos ante "el portal de los taules" interrumpiendo el tráfico y otra ante la estatua de Isidoro Macavich (conocido poeta ibicenco de este siglo) que, ¡como no! ¡somos jóvenes! Lo disfrazamos con la camiseta que "todos" lucíamos y que nos habían regalado para la ocasión. Esta pequeña excursión terminó en la entrada del Ayuntamiento con una demostración del baile payés (típico de la región), después recepción de un concejal, visita interior del Ayuntamiento y aperitivo allí mismo al que también asistieron los miembros del grupo de baile. La visita estuvo amenizada por una guía que no paraba de amenazarnos con un examen al final de la jornada. Pero al final de la mañana lo que nos esperaba era una extraordinaria paella en "Sa Caleta" preparada por la Asociación de Cocineros y Restauradores de Ibiza y Formentera.

Todo un festín en un agradable sitio donde tampoco faltaron los postres que muy amablemente nos prepararon la gente de allí y ciento cincuenta litros de cerveza, para el calor, ya se sabe… Para hacer bien la digestión, nada como un agradable baño en el Mediterráneo y una sesión de sol en la cala que, por cierto, era una cala…¿cómo decirlo?...ibicenca.

Más tarde y después de continuar el baño en la piscina del hotel, el doctor Pecasse nos dio una conferencia acerca de la "afectividad y la sexualidad en los enfermos de Crohn y Colitis Ulcerosa" que aunque boicoteada por sucesivos apagones resultó tan interesante como sugerente es el título. Por la noche, vuelvo a repetir somos jóvenes, pudimos comprobar que si la isla de Ibiza tiene fama de ser uno de los sitios más animados del mundo, es por algo. Bares, discotecas, pubs, incluso el autobús municipal, todo lleno de gente sonriente, guapos/as por las calles, mil anécdotas que contar, bromas, las que gastamos y las que nos gastaron, que también las hubo, una noche en la que disfrutamos todos nosotros hasta altas horas de la madrugada (las malas lenguas dicen que algunos llegaron pasadas las seis y media de la mañana).

Pero al día siguiente, todos en pie de nuevo a las ocho de la mañana, bueno ocho y media, desayunamos y montamos en el autobús con una nueva guía que nos enseñó, si no toda, sí la mayoría de la isla, las salinas, diversos pueblos, hasta un taller de cerámica en San Rafael, donde pudimos comprar algún souvenir, también paramos en San Antonio para tomar algo frío, para el calor, ya se sabe y hacer más compras, siempre bajo la sombra del huevo de Colón que, aunque no pasó por allí en su famoso viaje a la isla, le rinde un "monumental" homenaje. Más tarde nos desplazamos hasta un restaurante, tras la interminable sesión de fotos nos esperaba una comida riquísima donde las direcciones y teléfonos estaban escritos en papel y en alguna tarjeta al final se brindó por el buen funcionamiento de las jornadas que para algunos terminaban poco después. El café no se pudo tomar, rápidamente salimos hacia el aeropuerto los chicos del Pías Vasco tenían que coger el avión. La despedida fue muy triste con discurso emotivo incluido y a la hora de marchar, alguna lágrima rodó por las mejillas de unos pocos aunque todos sentimos el tener que separarnos. Una vez llegados al hotel, otra sesión piscina y/o siesta y más tarde empezó el coloquio, se hizo por grupos en los que ayudados por doctoras y una psicóloga empezamos a hablar de nuestros problemas, a compartir nuestras experiencias en la enfermedad, también había allí gente menos joven que nosotros pero interiormente no eran tan diferentes, con nuestros mismos problemas y con la misma manera de afrontarlos, y así seguimos hablando y hablando incluso después de cenar. Al final, un representante de cada grupo expuso ante todos los demás las ideas principales de las que se había hablado, llegando a ciertas conclusiones generales que abarcaban todos los temas desde los laborales hasta los psicológicos, pasando por los familiares, médicos y personales.

Y así terminamos las jornadas sobre EII pero no la estancia en Ibiza. Por la noche y tras una rápida visita a los puestos callejeros de los hippies donde se hicieron las últimas compras, nos dirigimos la mayoría de nosotros (hubo algunos que se retiraron al hotel) hacia una conocida macro discoteca donde quien más y quien menos bailamos sin descanso. Incluso hubo quien intentó ligar y casi lo consigue, otra vez será. El caso es que una noche más (y van tres) la isla nos llenó de su encanto marchero hasta las altas horas de la madrugada. Cuando llegamos al hotel, la juerga continuó en alguna habitación hasta bien entrado el día. Nos acostamos para poder decir que dormimos algo y un rato después, una o tal vez dos horas más tarde, desayunamos y sin tiempo para despedirnos de los catalanes nos fuimos hasta el puerto de San Antonio para coger de nuevo el barco que nos llevaría hasta Denia tras unas agradables horas de sol. Una vez en la península, cada uno cogió su maleta y de nuevo nos dispersamos por España hacia nuestros lugares de origen. El grupo de catalanes, con unos coches de alquiler se hicieron otra excursión por la isla hasta la noche en la que tomaron el avión de vuelta.

Y ese fue el final de cuatro días que serían casi imposibles de olvidar.

Fueron muchas las cosas que allí aprendimos, médicas, psicológicas, culturales, históricas, etc. Pero una cosa destaca y eso es que aprendimos a compartir nuestros sentimientos y problemas con gente que, a priori, no conocíamos de nada pero que estamos unidos por una misma enfermedad y tenemos problemas semejantes tanto por nuestra condición de enfermos como por nuestra condición de jóvenes. Y que los menos jóvenes no son tan mayores como nosotros creíamos sino que lo único que los diferencia de nosotros es que tienen más años.

Es muy difícil expresar con palabras lo que allí sucedió aquí tenéis un pequeño resumen de lo que hicimos con el que podéis, los que no tuvisteis la suerte de estar allí, haceros una idea de lo que fueron las jornadas, pero los sentimientos, la amistad, la hospitalidad, el amor casi fraternal con el que terminamos todos, no se puede transmitir a través del papel. Cuando echo la vista atrás y me acuerdo de aquello me gustaría que continuara toda la vida, pero el tiempo pasa y las cosas se acaban, ahora estoy en mi tierra, con mi vida cotidiana, mis estudios o mi trabajo, mi familia, mis amigos, pero en mi interior seguís estando todos los que allí estuvisteis por la razón que sea. Espero que esta experiencia se respire todos los años porque es algo grande, una idea maravillosa que no puede quedar en el olvido.

No quiero contar aquí ninguna anécdota ya que fueron tantas que necesitaría un número especial de la revista, los que las vivimos la recordamos bien y los que no, tendrán la oportunidad en otra ocasión de vivir las suyas. Además hay cosas que fuera de su contexto original no tiene la misma gracia (el gallego, el pueblo de Crohn, nuestra azafata particular, el cuentachistes que siempre contaba el mismo chiste, etc.)

No me cansaré de repetir y creo que hablo en nombre de todos los asistentes que una mención especial se merecen todos aquellos que hicieron posible esta idea. Desde las guías turísticas hasta los más altos cargos de la organización, pasando por todos y cada uno de los escalones intermedios. Todos ellos consiguieron que funcionara todo a la perfección y eso cuesta mucho trabajo. No me atrevo a mencionar ningún nombre porque si así lo hiciera excluiría a los demás y me parece injusto. Solamente gracias, gracias a los que disteis la cara (incluso la voz) y a los que ayudasteis desde la segunda fila, gracias a todos.

Espero que os haya gustado este artículo que acabáis de leer. Como periodista soy un desastre pero si editar esto fue una promesa, escribirlo fue divertido. Nos vemos en próximas jornadas o asambleas.

Jorge Hatre
ACCU Asturias

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grupo de jóvenes

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